La terapia de la psicología humanista es conocida como "terapia centrada en el cliente" y es un modelo de terapia no directiva.
Rogers desarrolló este método. Este modelo de terapia no directiva es seguido por muchos terapeutas.
Rogers fue el primer psicólogo que utilizó la palabra
cliente para referirse a los pacientes.
La clave de la terapia centrada en el cliente es la
diferencia entre dos tipos de preguntas: "¿Cómo puedo tratar,
cura o
cambiar a una persona?", o
bien: "Cómo puedo crear una relación que esta persona pueda utilizar para su propio desarrollo?". La respuesta a la primera
pregunta son las terapias en las que el psicólogo interviene. La
segunda es el objetivo de la terapia humanista.
El modelo de terapia humanista pretende crear una relación, un ambiente, en que el cliente pueda explicar y manifestar libremente sus sentimientos, sus percepciones de las cosas. Esto implica que el terapeuta debe mostrar una actitud de autenticidad y abstenerse de juzgar sus conductas. También ha de mostrar un alto grado de
empatía. Estas actitudes por parte del terapeuta permiten que se establezca una relación de confianza que ayudará al cliente a sentirse libre y a gusto y le facilitará el camino de la búsqueda del
conocimiento, es decir, su
autoconocimiento y su
autoaceptación.
Rogers creía que las personas tienen capacidad y
posibilidades de aumentar su
autoconocimiento y resolver sus conflictos si los pueden expresar en voz alta; el terapeuta ha de escuchar activamente al cliente, seguirlo en sus comentarios y reforzarlos. Conseguir su
autorealización o madurez progresiva y desarrollar su vida de forma
satisfactoria. Una buena relación terapéutica es la condición
fundamental para que el cliente se deshaga de esta máscara y
siga su tendencia hacia la autonomía y el desarrollo